Es maltrato

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«Una trabajadora que expresa su disconformidad con la “palabra sagrada” del investigador principal…»

En esta entrega de la Punta del Iceberg difundimos el texto de una compañera que está de investigadora postdoctoral en el extranjero:

“Probablemente, tenga un mal día. Como todos”. “Es que hoy no estaba de muy buen humor”. “Está bajo mucha presión”. “No le han concedido el proyecto y necesitamos publicar. Es normal que presione”. “Te lo estás tomando de forma demasiado personal”. “Don’t be emotional”. “No lo sé. Conmigo no es así”. “Quizás lo estés malinterpretando”. “Pasa de él. Tú a lo tuyo”. “Tú vales mucho. No le eches cuenta”.

En el mundo académico, el acoso laboral, mobbing o bossing (por provenir de un jefe), es mucho más sutil que en otros ámbitos y está normalizado. En el actual modelo de “publicar o perecer” existe una gran presión por publicar y “bien”, en revistas con alto índice de impacto. Los recursos son pocos y la competitividad crece, aumentando así la presión. En este contexto, tienen lugar multitud de conductas inapropiadas que van en detrimento del avance científico y de la salud laboral. Aunque muchos se empeñen en afirmar que la competitividad es el motor que permite que la ciencia avance, lo cierto es que conlleva unos niveles de presión y estrés que pueden llegar a ser insoportables. Es por esto que el mundo científico-académico es un caldo de cultivo ideal para situaciones de acoso laboral que, frecuentemente, pasan desapercibidas. A menudo, son los psicópatas, carentes de empatía, los que mejor sobreviven ejerciendo presión para obtener un beneficio propio sin importar ni valorar el daño psicológico infringido.

Hoy escribo sobre acoso laboral en el mundo académico porque hace tres años que soy víctima de acoso por parte de mi jefe. Además, porque cada vez son más los casos que conozco. También, porque casi todos los casos de mobbing que conozco son sufridos por mujeres. No es casualidad que muchos de estos casos se generen a raíz de enfrentamientos entre una trabajadora que expresa su disconformidad con la “palabra sagrada” del investigador principal. Quieren una mujer sumisa que acate sin rechistar y alabe incondicionalmente a su jefe. A partir de este momento crítico, cuando te expones como mujer no sumisa, empezará tu calvario. Invisibilización, aislamiento, falta de reconocimiento, niveles de exigencia cada vez mayores… Tu opinión dejará de tener valor y serás interrumpida en tus intervenciones, menospreciando tu capacidad. Se minimizará tu esfuerzo y dedicación. Dejarás de tener labores importantes dentro del grupo, como la formación de estudiantes o la revisión de artículos. No participarás en proyectos ni en congresos. Se tomarán decisiones sin tenerte en cuenta y se valorará mejor cualquier otra idea que la tuya de forma sistemática. Hará que te cuestiones hasta tu nombre. Te quitará el sueño. Te provocará ataques de ansiedad e irá creciendo en ti una inseguridad que te dará hasta miedo, porque es una sensación del todo desconocida para ti. Ninguneada en el ámbito de tu vida que se te ha dado mejor, el que más has currado. Tu pasión, tu vocación. La situación de acoso laboral es una situación de maltrato psicológico persistente que puede tener secuelas de moderadas a muy graves en la salud mental de quienes la sufrimos. Si hoy estoy escribiendo esto es, entre otras cosas, para que te reconozcas si lo estás sufriendo. Para que dejes de sufrirlo en silencio. Para que dejes de cuestionarte y seas capaz de salir de una relación abusiva y empezar de nuevo. Porque si quieren minimizarte, es porque eres grande. Muy grande. Y, ellos, demasiado pequeños».

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¡No te calles!

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